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EL HOMBRE ACTUAL.

Ante nuestros ojos hemos visto desarrollarse lo que el Papa Juan Pablo II llamò: "La cultura de la muerte"; que consiste en la desvalorización total del    don de la vida. Esta desvalorización se manifiesta de muchas formas: el aborto, el suicidio, la eutanasia, guerras, bombas nucleares, pobreza ocasionada por la injusticia, violencia familiar, abuso de los niños, martirio, etc
Hoy vivimos una època fascinada con la grandeza y las posibilidades casi   ilimitadas de la creatura. Pero que, al mismo tiempo, arrastrada por esta fascinaciòn, olvida a Dios y lo relega a un lugar enteramente secundario.
 El hombre es llevado a hacer lo que hacen los demàs, cuando lo hacen los  demàs, y porque lo hacen los  demàs .Es un hombre despersonalizado, carente de vida, de plenitud, de interioridad, sin identidad propia, masificado. Un hombre cuyas dificultades se encuentran empobrecidas.
El hombre, orgulloso de sus conquistas y de su poder sobre la materia y sobre la vida, ha "perdido el espìritu" .Convierte las cosas en su dios, se convierte en dios de si mismo, ocupando el lugar de Dios.
Es curioso como la gente se ha olvidado de Dios y luego se pregunta por que el mundo esta en proceso de destrucciòn.
Y por què su mundo tan perfecto, sus posesiones, su honor, su hogar, su salud, el bienestar de sus seres queridos...se ven repentinamente amenazados por :
 =la pèrdida de un ser querido,
=un accidente que lo dejò lisiado,
=un incendio que arrasò con sus sueños,
=la pèrdida del trabajo...etc.
y queda en el corazòn un resentimiento oscuro contra el destino, contra el absurdo...
en definitiva contra la Providencia,contra la mano de Dios.
Ante la cultura de la muerte, el Santo Padre nos llama a trabajar arduamente para construir la cultura de la vida. Esta nueva cultura, será fruto de corazones nuevos, de familias nuevas, de naciones nuevas y de una Iglesia renovada en el amor y en la verdad. En estos momentos, nosotros, el pueblo de Dios, tenemos una gran responsabilidad: dejarnos transformar el corazón, purificándonos de todo egoísmo, de intereses personales, de una desordenada atención a nosotros mismos, para que así podamos abrir nuestro corazón de par en par al Redentor y a Su amor salvífico. Si nos abrimos al amor de Dios, y nos disponemos a darlo a todos, este amor necesariamente será como las semillas que se siembran en un campo, y con la lluvia de la gracia de Dios, germinará en muchos corazones y florecerá por todo el campo del mundo. ¡El amor es poderosamente fecundo!
Es un hombre que pertenece a una sociedad , que cree en si mismo y le cuesta creer en los demàs, que vive el momento y nada mas, que busca bienestar econòmico y oportunidad de ser exitoso.
Los jòvenes son partìcipes de este tipo de hombre, no tienen ideales, no son capaces de discernir entre el bien y el mal.
Despues nos preguntamos:
Por que nuestros niños no tienen conciencia?
Por que se embarazan tan precozmente?
El espíritu de egoísmo que ha entrado en nuestra cultura, también, muy sutilmente, ha ido penetrando en nuestra mentalidad y en nuestras decisiones. Es por ello, que ser constructores de una nueva civilización donde reine el amor, la paz, la alegría, la fraternidad, el servicio y la justicia, requerirá de una profunda purificación de nuestros corazones. La cultura de la muerte, solo se vence con corazones abiertos totalmente a la vida, empezando por la vida de la gracia y continuando con la vida humana. La cultura de la violencia, solo se vence con corazones pacíficos, mansos y abnegados. La cultura de la rebeldía solo se vence con corazones dóciles y obedientes. La cultura del odio, la indiferencia, el desprecio y la competencia, solo se vence con corazones dispuestos a entregarlo todo, incluso la propia vida, por vivir el evangelio del amor, del perdón y del servicio incondicional.
 

EL PODER DE LA FE.

Dios nos ha regalado una maravillosa gracia, la gracia de la FE.
Recuerda tu niñez y lo bien que te sentìas cuando tu padre o tu madre te tomaba   en sus brazos?

*el calor de su amor que te envolvia?

*la sensaciòn de protecciòn?

*la certeza que estando con ellos nada malo podia pasarte?

*la esperanza que ella/el podìa solucionar todos tus problemas?

Vivir la fe,entonces es vivir una fe que se traduzaca en la pràctica,que supere la divisiòn entre fe y vida, que logre una sìntesis vital de la fe y de la realidad concreta en la que se desenvuelve la persona..Es la fe que nos fue dada como regalo gratuito de Dios;es la fe que hizo interiormente libre a todo el hombre-al corazòn, al afecto y a la voluntad-de esa acuciante angustia;es la fe, la fe victoriosa, una fe que vence màs y màs lo puramente humano.Una fe que no se queda en el intelecto sino que baja al corazòn y llega a la vida.
Sabemos que tenemos una fe sòlida y profunda, precisamente cuando se vienen abajo los apoyos humanos,cuando las cosas no nos resultan y, sin embargo, mantenemos incòlume nuestra confianza en Dios.

Esta fe se alimenta en el trato ìntimo con Jesùs en la oraciòn y en los sacramentos.
                                      
                                              
 

LA FUERZA DE LA ORACION:

Hoy màs que nunca, orar es la acciòn mas importante y bendecida.Orar es el hablar filial y amoroso con El. Quien sabe rezar sabe vivir correctamente."Orar es aprender a vivir con el buen Dios toda nuestra vida...es buscarlo en silencio y saber escucharlo,es experimentarlo en nuestras vidas."(Padre Jose Kentenich)
San Agustìn decìa que si durante todo el dìa cumplimos fielmente con nuestro deber como una entrega que hacemos a Dios y como señal de la dependencia que de El tenemos, y esto lo vamos manifestando con breves jaculatorias o con rectitud de intenciòn, entonces hemos estado orando todo el dìa.
En toda nuestra miseria, las oscuridades y los peligros que nos rodean, solo podemos poner nuestras esperanzas en levantar nuestros ojos a Dios y pedir su socorro para alcanzar de su misericordia infinita nuestra salvaciòn.
Por medio de la oraciòn podemos todo, porque ella nos consigue de Dios la fuerza, de la cual carecemos.Leemos en Mateo(11,28)" venid a mi todos los que estan cansados y afligidos,que yo os aliviare".
Se debe orar con devociòn, con humildad, con entrega a la voluntad de Dios, con confianza y perseverancia, conscientes de dejar en su voluntad, el cuàndo y còmo El nos quiere escuchar.

-Tu pasado descansa en la misericordia de Dios, ahi esta sepultado para siempre.
-Tu futuro descansa en la.Divina Providencia.No es necesario que te preocupes por el.
-Tu presente descansa en la mano de tu Padre Celestial.Esfuèrzate dia a dia para descubrir su Santa Voluntad y cumplirla por amor a El

Lo que nos espera, después de este siglo de luces y grandes sombras, si somos fieles al Espíritu Santo que desea transformarnos y purificarnos, es una nueva primavera, como dijo SS. Juan Pablo II. Una nueva primavera, donde brille el sol del amor de Cristo, donde se respire el frescor de la hermandad, donde se contemplen las bellas flores de la alegría, la humildad, la sencillez y el servicio. Donde el amor de Dios mueva los corazones al amor, y un amor sin límites ni condiciones. Esa será la civilización del amor. Esa será la civilización, que ustedes y nosotras debemos disponernos a construir con nuestra oración, nuestra disposición al sacrificio, nuestras acciones concretas y nuestro compromiso evangelizador.
 
La nueva civilización comienza con cada uno de nosotros, con cada corazón que se decide a amar, y amar hasta las últimas consecuencias.
Es por eso que nuestros corazones inquietos por esta humanidad que va a su propia destrucciòn, nos motivò a reunirnos en comunidad a fin de colaqborar generosamente en la construcciòn del Reino de Cristo, a fin de impregnar el sentir, la mentalidad, el estilo de vida y la sociedad entera, de los valores autènticamente evangèlicos al estilo agustiniano.


                                                          

                                                                SAN AGUSTIN